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❛❛ Si los pétalos de las rosas blancas se abren uno por uno, las memorias de esos días podrían revivir, ¿verdad? ❜❜
── ¡Baji-san!
Un grito resonó por toda la habitación, llegando a escucharse apenas del otro lado de la puerta, seguido a eso, hubo silencio, sólo se escuchaba su respiración errática tratando de ser calmada.
Levantó su mirada hacia la ventana, aún era de noche.
Suspiró con cansancio y volvió a acostarse en la cama, mirando al techo. Había tenido aquel extraño sueño, otra vez.
El mismo sueño se repetía casi todas las noches, donde conocía a un chico totalmente desconocido para él, se hacían muy buenos amigos, luego el chico se quitaba la vida frente a sus ojos, y por último, alguien le disparaba en la cabeza a él ya siendo un adulto, era allí cuando se despertaba de su sueño. A veces también aparecían pequeños fragmentos de diferentes escenarios con aquél desconocido.
Cabello largo y oscuro como carbón, brillante y cedoso a la vista, piel ligeramente morena, alto y con buena musculatura, ojos penetrantes ligeramente rasgados de un color marrón, y lo que más destacaba, aquellos afilados colmillos que causaban estremecimiento y temor a quienes los miraran, así era aquél chico que tanto frecuentaba sus sueños.
No era la primera vez que pasaba, de hecho, desde que tiene memoria, recuerda tener sueños como ese y luego de los siete años, se hacían cada vez más perceptibles en su mente, tan realistas que se despertaba por la madrugada o la mañana gritando siempre el mismo nombre: "Baji-san".
Suspiró una vez más cerrando los ojos para tratar de dormir nuevamente, al parecer su madre no se había despertado por su grito, pues de lo contrario, ya habría entrado a su habitación derrumbando la puerta para ver que le pasaba a su hijo. Su madre a veces era algo sobreprotectora, a pesar de que en poco tiempo cumpliría ya la mayoría de edad.
Dio vuelta tras vuelta en la cama buscando el sueño, pero no lo encontraba, algo frustrado e irritado, se levantó de la cama, que ahora era todo un desastre de sábanas, y salió con cuidado de su habitación rumbo a la cocina, de repente había sentido su boca seca y mucha sed.
Al llegar fue directo a la alacena sin encender antes la luz, caminando entre la oscuridad de la noche, tomó un vaso y se sirvió agua directamente del grifo para luego apoyarse en la mesada y comenzar a beber del líquido en el vaso.
Miraba un punto perdido en la oscuridad, la única iluminación en aquella cocina era la tenue luz de la luna que entraba por la ventana, estaba perdido en sus pensamientos mientras mantenía el objeto en su mano sobre sus labios, mordiendo el borde de vez en cuando que provocaba un pequeño ruido de sus dientes chocando con el vidrio.
Suspiró cerrando los ojos y bajando la mirada. Matsuno no lo entendía y estaba muy confundido, soñaba con aquél sujeto casi todas las noches, pero no sabía quién era, y según lo que había leído, tu cerebro no te muestra a una persona que no has visto al menos una vez en tu vida, y él estaba seguro de que no lo había visto nunca en su vida, al menos no en esta.
Terminó de beber el agua y dejó el vaso sobre la mesa para volver a su habitación, se sentía cansado y con sueño, aunque ciertamente no podía dormir.
Cruzando el umbral de la puerta de su cuarto, pudo ver a una pequeña sombra saltar de su ventana al suelo, sonrió de inmediato al darse cuenta de que se trataba de su mascota, Peke J. Nuevamente suspiró, esta vez con alivio al saber que no corría peligro de que una extraña criatura se llevara sus órganos en medio de la noche mientras dormía y soltó una pequeña risa por lo estúpido que sonaba aquello, a veces pensaba cosas muy incoherentes.
Más de una vez Peke J le había causado un buen susto en las noches, pues solía irse durante largo rato y luego volvía como si nada. Chifuyu no sabía a donde solía irse su gato, pero sabía que lo cuidaban bien, pues cuando volvía, tenía la panza explotando en comida y se iba directo a dormir en algún rincón de su habitación durante horas hasta que volvía a tener hambre.
Caminó con tranquilidad hacia su cama y, sin molestarse en arreglarla un poco, se acostó manteniendo su mirada en el techo, dudaba poder dormir esa noche, aún así cerró los ojos, quizás así se obligaría a sí mismo a caer ante el sueño. Claro que fue en vano.
Un pequeño peso en su estómago lo hizo abrir los ojos para bajar la mirada, viendo a Peke J acomodándose sobre él para dormir, sonrió enternecido y dirigió su mano hacia la cabeza del felino para acariciar el suave pelaje. Siempre que Chifuyu no podía dormir o algo le molestaba, su gatito aparecía para darle paz, como si supiera lo que él sentía, y lo agradecía, pues nuevamente estaba cediendo ante los brazos de Morfeo sin mucho esfuerzo.
𝐑𝐞𝐧𝐚𝐢𝐬𝐬𝐚𝐧𝐜𝐞 - [𝐁𝐚𝐣𝐢𝐟𝐮𝐲𝐮]
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